Desde aquí aplaudo a todos los que han comprendido
que buscar la excelencia en la profesionalidad del audiólogo-
audioprotesista es algo más que la simple obtención
de un título oficial de TSA.
Hace ya que varios años existe un debate cada vez más
encendido acerca de la necesidad de formación audioprotésica
de calidad. Son muchos los loables esfuerzos privados
que se están haciendo en este sentido. De ahí la
proliferación de escuelas oficiales y oficiosas de audioprótesis
y la organización de cursos y seminarios por parte de empresas,
instituciones y expertos en el sector.
El panorama ha cambiado radicalmente en España en los
últimos 20 años. Recuerdo que en los años
80 las únicas oportunidades formativas se limitaban a los
cursos promovidos por ciertas clínicas, las escasas empresas
distribuidoras de audífonos, algunos ORL, la AELFA, la
AEES (Asociación Española de Educadores de Sordos),
los heroicos peregrinajes al extranjero y la inquebrantable voluntad
autodidacta de algunos de nosotros.
Desde aquí quisiera rendir homenaje a ilustres
personajes de nuestra audiología- audioprótesis
que han contribuido decisivamente en esos embriones que hoy nos
han llevado hasta la situación actual: los Dres. Perelló,
Sanjuán-Juaristi, Torres de Gassó o Abelló;
los sres. Salesa, Martínez-Sanjosé, Gassó,
Gil, Cámara, por citar sólo algunos (y sin ánimo
de ofender a nadie por omisión).
Apareció la 1ª escuela de audioprotesistas en Barcelona
bajo el auspicio de la ANA y se inició el debate del trabajo
bien hecho.
Dejando de lado las connotaciones de políticas comerciales
que innegablemente todas las empresas buscan subyacía y
subyace un deseo de hacer las cosas bien.
Porque las consecuencias de una mala adaptación
audioprotésica son terribles. Y nada tienen que
ver con los interesados debates actuales sobre el hecho de tener
o no titulación de TSA.
Una mala adaptación surge ante el desconocimiento (consciente
o no) de alguno de los protocolos de una correcta y completa visita
y solución audioprotésica.
Y eso pasa por ser empático con el paciente
(y/o con sus padres o entorno familiar), por hacer una completa
anamnesis de antecedentes audiológicos, un descubrimiento
de las necesidades y expectativas del paciente
(SPIN), una adecuada otoscopia, por la realización
de una batería profesional de pruebas audiológicas,
por una eficiente y comprensiva explicación del
problema al hipoacúsico, por una demostración
in situ de los beneficios reales que puede obtener con audífonos,
por una eficaz selección de los mismos cubriendo los deseos
estéticos y, sobre todo, audiológicos
del sujeto y vendiendo – repito, vendiendo- los audífonos
más idóneos a que encajen a sus posibilidades
económicas y de estilo de vida.
Pero ahí no termina – ni de lejos - el trabajo: Después
de la confirmación por parte del paciente, debemos hacer
unas perfectas impresiones del CAE y concha auricular,
dar las precisas indicaciones al laboratorio
acerca de la ventilación deseada (o posible), estar en
comunicación con el fabricante para que cumpla fielmente
nuestra indicación, solicitar al paciente el compromiso
tanto de pago como de deseo de mejorar su vida (y. por lo tanto,
de seguir nuestros consejos).
El día de la entrega de los audífonos es mágico:
el hipoacúsico ha tenido varios días para crearse
expectativas y debemos asegurarnos de ser realistas y de enseñar
todos los intríngulis del manejo, los cuidados
imprescindibles y el programa de autoentrenamiento
riguroso que cada caso debe seguir. Y ahí debe implicarse
todo el entorno del paciente.
Y tras la entrega empieza el verdadero trabajo: las visitas
de ajuste al estilo de vida, a la verificación de los logros
obtenidos, la búsqueda de la máxima inteligibilidad
en sus entornos sonoros y las revisiones de mantenimiento,
tanto de los audífonos como de la audición. Y los
retoques en nuestro pequeño laboratorio de otoplastia pivado.
Por supuesto, los Dptos. de I+D de los fabricantes de audífonos
se esmeran en crear productos más sofisticados, complejos
y completos que obligan a un reciclaje casi semestral
de los audioprotesistas, tanto en nuevos modelos como
en el software de programación.
Y la incipiente competencia de profesionales también empujan
al profesional a conocer las técnicas de atención
a clientes, de captación, de seguimiento, de consejero,
de psicólogo, de amigo, de confesor.
Tampoco debemos obviar la faceta de empresario, de contable,
de jefe de compras, de administrativo, de creativo de marketing,
de Relaciones Públicas.
Y qué decir de la adecuación formativa en
aspectos terapéuticos, rehabilitadores, médicos
y paramédicos inherentes a la fonoaudiología.
Viendo todo el panorama anterior, imaginen las consecuencias
de una actuación inadecuada en cualquiera de los pasos
anteriores:
- que hago una escasa anamnesis, no pregunto las necesidades
ni conozco el estilo de vida, mi batería de pruebas
audiológicas se limita a una simple audiometría
por vía aérea (sin enmascarar y en ambiente
ruidoso) y sin otoscopia, interpreto erróneamente
la imprudente audiometría (sin saber si la sordera
es transmisiva, perceptiva o mixta), presento sólo
soluciones estéticas y digitales porque la moda
empuja – o mis conocimientos no dan para más-,
convenzo al incauto de que eso es lo mejor ¡!!porque
oye mas fuerte!!!, le tomo una miserable impresión,
le cobro todo lo que puedo y 15 días después
¡!!!ZAS!!!! le “cuelgo” o “introduzco”
los audífonos y…!!! a cobrar.!!!
- Que vuelve a los pocos días diciendo que creía
que le iría mejor, ¡!!pues le digo que se
tiene que acostumbrar!!!. “Que “eso es normal”.
- Que le pongo sólo un audífono en vez
de una adaptación binaural ¡!!pues ya comprará
el otro más adelante!!! Y si no lo hace “es
que no quiere, ni tiene dinero el pobre diablo”
- Que no escucha bien ¡!!pues qué lástima!!!!
Es rarísimo, “ud. No se leyó el manual
de entrenamiento”. “El programa de adaptación
indica claramente que está bien”
- Que le pita ¡!!!pues al laboratorio!!! “Es
que no tienen ni idea de hacer moldes ni intras”
¡!!tendré que cambiar de proveedor!!!
- Que le duran poco las pilas ¡!!pues haber elegido
audífonos de pila grande!!!
- Que le daño la audición o le provoco
mareos, vértigos o acúfenos ¡!!Eso
es imposible!!! “Mis audífonos no le han
podido provocar eso” (y si lo han hecho no se lo
voy a decir, por supuesto)
- Que no vuelve ¡!!pues mejor!!! “Era un
pesado y desagradecido. Yo hice todo lo adecuado”.
¡!!!!que se coma el marrón otro!!!
- Que el paciente habla mal de los audioprotesistas ¡!!pues
yo ya he cobrado!!!
- Que deja el audífono en un cajón ¡!!pues
allá él!!! “se queda sin oír”
¡!!qué tonto!!!
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Está en nuestra mano hacer crecer el sector y
diseñarnos el programa formativo y de reciclaje
más conveniente a nuestra realidad para evitar situaciones
como las mencionadas. Y eso aún ocurre, aunque afortunadamente
la conciencia general está en mejorar y cambiar.
La formación NO termina nunca. Y por
supuesto no termina con la obtención del título
de TSA. Frecuentemente, después de diplomarse y encontrarse
con la realidad, el profesional se da cuenta de lo mucho que le
falta por aprender y de lo lejana que está la excelencia:
la empatía, las relaciones humanas, las habilidades
empresariales y comerciales y la ética no se compran, se
entrenan. Y con gran esfuerzo y dedicación.
No puedo dejar de sentir desazón ante los litigios de
los que sufren ataques de “titulitis” frente a los
que están luchando por defender su ejercicio profesional
– casi siempre honesto- y que se esfuerzan por mejorar cada
día y actualizarse.
Yo abogo por mirarse menos al ombligo y fomentar iniciativas
que nos hagan mejores ante la sociedad, ante nuestros pacientes
y ante nuestra conciencia.
Y así creceremos como colectivo profesional y como seres
humanos.
Ese es mi deseo para el 2006 y para el futuro.
Y en ese camino nos encontraremos.
Saludos a todos.
Carlos Torres
ctorres@audifono.net
Diciembre 2005
Nota del editor: en breve dispondrán
de una completa sección en donde informarse de la oferta
formativa de cursos oficiales, privados y seminarios de especialización
en nuestro país.