Hace unos días
debatía con un grupo de colegas acerca de cómo denominar
a las personas a las que adaptábamos audífonos. Mientras
unos les llamábamos clientes, otros los denominaban pacientes.
Parece mentira como un simple debate semántico puede convertirse
en una acalorada discusión. En realidad en este debate subyace
la falsa idea de que el hecho de hablar de clientes te tilda de
“vendedor” y, por contra, tratarlos de pacientes te
da un áurea mas “profesional” o paramédica.
En este tema nunca hay vencedores ni vencidos. Sólo autocalificaciones
y percepciones sobre nuestra forma de actuar frente al hipoacúsico.
Yo pienso que mientras las adaptaciones audioprotésicas
sean la culminación de un ejercicio profesional, serio
y riguroso, con el resultado de una venta de un producto sanitario
(audífonos) y de unos servicios post venta (revisiones
periódicas), nuestros pacientes SIEMPRE serán clientes.
Y aunque exista una máxima que reza “el cliente siempre
tiene razón”, todos sabemos que el ser humano es
por naturaleza caprichoso y que es lícito desear NO mostrar
abiertamente un handicap o limitación física o sensorial.
Esto nos lleva, obligadamente, a desarrollar habilidades comerciales
que conjuguen las expectativas del “cliente” con las
necesidades del “paciente”. Todos nos hemos encontrado
con el caso de la señora octogenaria e impedida, con vida
social casi inexistente, que EXIGE audífonos CIC invisibles
porque ella “no se pone retros ya que eso es de SORDOS Y
VIEJOS”. O el parecido caso en que un PARKINSON manifiesto
convertirá esa adaptación en un calvario mutuo.
En estas situaciones nuestra habilidad de comunicación
y el conocimiento de las nefastas consecuencias de aplicar la
frase “el cliente siempre tiene razón” debe
llevarnos a reconducir el deseo del cliente: la solución
auditiva más adecuada (probablemente intra auriculares
o intra canales media concha o retroauriculares “slim”)
con el apoyo incondicional del familiar del paciente.
Muchos de vosotros habréis oído hablar de la identificación
del MAN: quién tiene la Money, quién tiene la Autoridad
y quién tiene la Necesidad. Es una ley comercial inmutable
que esta identificación conduce hacia el éxito comercial
porque inevitablemente de ese acierto o fracaso depende LA SATISFACCIÓN
DEL CLIENTE. Y esa debe ser siempre nuestra meta.
Abogo por no sentir ninguna vergüenza en denominar CLIENTE
SORDO al paciente hipoacúsico.